
El sexo es un sencillo acto que ejecutan paquidermos, primates y equinos (es decir: cerdos, humanos y asnos), entre otros, por el cual el órgano sexual del macho introduce en la cavidad sexual de la hembra un fluido fecundador.
Hacer el amor, en cambio, es una deliciosa demencia voluntaria, a la que se entregan unicornios, pegasos y dragones (es decir enamorados puros, solitarios fugitivos y adúlteros asustados) entre otros, por la cual se realizan expediciones larguísimas a los continentes desconocidos que todos tenemos sobre la piel y debajo de ella.
Hacer el amor es más que recibir o entregar líquidos de consistencia viscosa y sabor agrio. Es lo que lo rodea, lo que precede y continúa. Y se empieza mucho antes de entrar a una habitación, muchísimo antes de ocupar una cama.
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